La carrera profesional de Turing se vio truncada cuando lo procesaron por su homosexualidad. En
1952,
Arnold Murray, un amante de Turing, ayudó a un cómplice a entrar en la casa de Turing para
robarle.
Turing acudió a la policía a denunciar el delito. Durante la investigación policial Turing
reconoció su
homosexualidad, con lo que se le imputaron los cargos de «indecencia grave y perversión sexual»
(los
actos de homosexualidad eran ilegales en el Reino Unido en esa época), los mismos que a Oscar
Wilde más
de 50 años antes.
Convencido de que no tenía de qué disculparse, no se defendió de los cargos y fue condenado.
Según su
ampliamente difundido proceso judicial, se le dio la opción de ir a prisión o de someterse a
castración
química mediante un tratamiento hormonal de reducción de la libido. Finalmente escogió las
inyecciones
de estrógenos, que duraron un año y le produjeron importantes alteraciones físicas, como la
aparición de
pechos o un apreciable aumento de peso, que lo condujeron a padecer de disfunción eréctil.
En una carta de esta época a su amigo Norman Routledge, Turing escribió en forma de falso
silogismo una
reflexión, relacionando el rechazo social que provoca la homosexualidad con el desafío
intelectual que
supone demostrar la posibilidad de inteligencia en los ordenadores. En particular, le preocupaba
que los
ataques a su persona pudieran oscurecer sus razonamientos sobre la inteligencia artificial:
• Turing cree que las máquinas piensan
• Turing se acuesta con hombres
• Por lo tanto, las máquinas no piensan
Dos años después del juicio, en 1954, falleció por envenenamiento con cianuro, aparentemente
tras comerse
una manzana envenenada que no llegó a ingerir completamente, en un contexto que se estimó
oficialmente como
suicidio. Varias personas pensaron que su muerte fue intencionada, aunque su madre intentó
negar la
causa de su muerte, atribuyéndola a una ingestión accidental provocada por la falta de
precauciones de
Turing en el almacenamiento de sustancias químicas de laboratorio. Los últimos años de su vida
fueron
amargos y reservados. Esta muerte no esclarecida ha dado lugar a diversas hipótesis, incluida la
del
asesinato.
El 10 de septiembre de 2009, el primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, emitió un
comunicado
declarando sus disculpas en nombre de su gobierno por el trato que recibió Alan Turing durante
sus últimos
años de vida. Este comunicado fue consecuencia de una movilización pública solicitando al
Gobierno que
ofreciera disculpas oficialmente por la persecución contra Alan Turing. Sin embargo, en 2012 el
gobierno británico de David Cameron denegó el indulto al científico, aduciendo que la
homosexualidad era
considerada entonces un delito. Finalmente, el 24 de diciembre de 2013 recibió el indulto de
todo tipo de
culpa, por orden de la reina Isabel II.