El Bombe replicaba la acción de varias máquinas Enigma.
Un día después de la declaración de guerra de Gran Bretaña, en septiembre de 1939, Turing fue
convocado a Bletchley Park, donde se encontraba el Servicio Británico de Descifrado. Las nueve
mil personas
que
trabajaban allí, se dedicaron a intentar interpretar las comunicaciones alemanas cifradas en
código
morse.
El cifrado lo hacían a través de una máquina de sistema rotatorio llamada Enigma (máquina).
Enigma había
sido inventada en 1918 por Arthur Scherbius. Era similar a una máquina de escribir, en la cual
cada vez
que
una letra era pulsada, era sustituida por otra mediante el uso de tres rotores internos (las
máquinas
militares llegaron a usar cinco), cuyo resultado era más de diez mil billones de configuraciones
distintas.
Debido al carácter portátil de la máquina, los operadores podían estar ubicados en los puestos
de mando,
interior de los tanques, submarinos, en bombardeos, etc.
Independientemente de su locación, los operadores,
llevaban las instrucciones de cómo debían colocarse los rotores, y las posiciones cambiaban cada
pocos
días.
El equipo liderado por Turing, a través de ecuaciones y cálculos, encontraron pautas en los
mensajes con
lo
que pudieron detectar una pequeña parte de su funcionamiento. Sin embargo, todavía no podían
descifrarlos.
Fue entonces, cuando Turing se preguntó:
¿Y si para luchar contra una máquina como Enigma hiciese falta otra máquina?
A raíz de esta pregunta, Turing pudo poner en práctica sus teorías: diseñó la máquina Bombe.
Bombe
buscaba
la configuración de los rotores de la máquina alemana, implementando una cadena de deducciones
lógicas
para
cada combinación posible. Gracias a las mejoras del matemático Gordon Welchman, el 14 de marzo
de 1940,
el
primer prototipo estaba terminado. Al cabo de un tiempo disponían con más de doscientas Bombes.
Los trabajos del Servicio Británico de Descifrado, dirigidos por Turing, fueron determinantes
para
acortar
la
guerra. Algunos historiadores afirman que su trabajo acortó dos años la duración de la guerra,
salvando
alrededor de catorce millones de vidas. Al finalizar la guerra, las máquinas Bombe se
desmantelaron y
todo el trabajo permaneció en secreto hasta los setenta. En 1974 el capitán W. F. Winterbotham
escribió
el
libro The Ultra Secret.